La crisis venezolana es un desafío para todos aquellos que se reconocen democráticos y humanistas. ¿Cómo ayudar a un pueblo, a personas de carne y hueso que sufren, cuando los gobernantes de turno que crearon un sistema de pseudolegalidad, no permiten la ayuda? ¿Cómo ayudar sin que esto atente contra la soberanía de cada nación?

La historia nos ha enseñado que no podemos ni debemos ser neutrales cuando de vulneración sistemática de los derechos humanos se trata. Entendemos que existe un insuficiente marco regulatorio en el régimen de principios y normativas sobre el derecho internacional humanitario, que impide que se desarrollen y ejecuten operativos de alertas tempranas en crisis de guerra y crisis naturales o humanitarias. Nos preocupa que el discurso jurídico las más de las veces esconda bajo una supuesta neutralidad el deber de contribuir al verdadero orden imperante, que no es de modelos o regímenes, sino sencillamente de respeto a la dignidad de la persona humana y a la autonomía de los pueblos. Sí, hablamos de Venezuela o de Siria o del África subsahariana.

Necesitamos urgentemente originar y asegurar protocolos humanitarios en materia de «cautelares» producto del derecho, y ajenas a vaivenes políticos o ideológicos. Existe constante necesidad de sostener el sistema de protección universal de derechos humanos en su valor de identidad, no ya en la convicción de lograr un supra-Estado, sino sobre la base de una comunidad internacional organizada, a la que es viable despertar en la convergencia consensuada de medidas de satisfacción donde las partes afectadas puedan encontrar siempre la imparcialidad del resguardo sustentado en los atributos de la persona humana, operativos regulados capaces de divisar oasis en medio de conflictos, y que finalmente nos lleven a una organización mundial justa.

Hace ya dos años, un grupo de legisladores argentinos instábamos al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para que disponga el estado de asistencia humanitaria especialmente para los grupos de mayor vulnerabilidad.

Una semana atrás, solicitamos a la alta comisionada Michelle Bachelet que impulse las alertas tempranas en Venezuela a propósito de la crisis humanitaria que está cursando. Los derechos humanos universales nos avalan ampliamente. No debería existir lugar en el mundo en el que los Estados se encuentren por encima de los derechos humanos fundamentales: alimentos, abrigo y medicamentos. ¿Neutralidad o compromiso humanitario?

«La humanidad presenta un enorme nivel de exclusión y de alta vulnerabilidad. Para el sostenimiento de una acción humanitaria no requerimos especulaciones ni declamaciones pos conflicto. Nos enmarcamos en observar una mayor decisión política y práctica por parte de los organismos internacionales en materia de protocolización de situaciones de crisis, y la actuación temprana ante el quiebre de la paz. Nos enrolamos en la idea de priorizar la prevención, protección y promoción de derechos humanos, involucrando como principal agente a la ‘comunidad internacional organizada'». Cita textual de la tesis doctoral del doctor Carlos Romano.

Gestionar sin dilaciones las crisis humanitarias del mundo. Ayudar por empatía y fraternidad.

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